The kindness of strangers

Looking back at the past week with a photo or a selection of my favourites shots along with my thoughts and impressions.

This was from last week, but since I was in Patagonia I didn't have a chance to write it up until now. On January 9th, I attempted to reach the Laguna Negra: attempted being the operative word. I had already had terrible lower back pain the week before due to trekking with a backpack, but since I had been stretching every day and taken a whole week to relax, I thought trying again would be fine.


Unfortunately, it wasn't. I got severe darting pains in my lower back and knees: after taking a muscle relaxer, my partner and I decided to return to Colonia Suiza and my family continued. Thankfully, it was a fairly easy walk and we were able to take quite a few breaks, so we made it back in one piece. Then we thought, "what the hell do we do now?"


Just for context, there weren't any buses that would take us back to where we were staying and we were about 17 kilometres away. The plan was to try and call a taxi (we did have a number) but there were crowds of people swarming around Colonia Suiza so we decided to head outside the village and call once we had a fixed place.

Esto fue la semana pasada, pero como seguía en Patagonia no pude escribir todo hasta recién. El 9 enero intenté llegar a la Laguna Negra, "intentar" siendo el verbo clave. Ya había tenido dolores en la zona lumbar una semana antes por hacer trekking con mochila pero como había estado elongado y no había hecho nada en una semana, pensé que estaría bien.


Lamentablemente, no fue así. Me agarraron dolores muy fuertes en mi espalda y las rodillas: después de tomarme un Diclofenac, mi pareja y yo decidimos descender a Colonia Suiza y mi familia siguió con la subida. Por suerte era una caminata bastante fácil y pudimos tomar recreos así que llegamos bien. Y ahí pensamos "¿qué miércoles hacemos ahora?"


Para un poco de contexto, no había transporte público que nos llevara a donde nos estábamos quedando y estábamos a como 17 kilómetros. El plan era tratar de llamar un taxi (teníamos un número) pero había un montón de gente acaparando las callecitas de Colonia Suiza así que decidimos salir de ahí y llamar ni bien tuviéramos un lugar fijo.


So we were just looking for a place to sit tight, especially because once we left the village we realised we didn't really recognise where we were. As we walked slowly on, I said to my partner "You know, I wouldn't be afraid of hitchhiking together." About 30 seconds later, a practically empty minibus came trundling down the narrow road. I stared at it, my gut said flag it down, but on considering it I then thought "maybe the next one."


It stopped right next to us, for no apparent reason. The universe was clearly giving me a sign.


So I struck up a conversation with the driver, Diego, and the co-pilot, Cristian. After about a minute they graciously offered to bring us closer to where we were staying, "maybe a couple of kilometres." We gratefully bundled our trekking backpacks and walking sticks and tired legs into the minibus. Inside there were only four other people: a family out on a leisurely ride through our beautiful South.


I was already immensely grateful and happy. But not only did they give us a lift, they showed genuine concern for my well-being and asked about our lives. We also found out more about our saviours: Diego and Romina, a married couple that had moved to Bariloche in August and had set up a transport company. Specifically, they have two minibuses for scenic tours and rides to the airport. Serendipity at its finest. The others were family members from Quilmes who had come to visit, and so we were now a part of a lovely scenic ride, joking and taking pictures, that culminated in this breathtaking view of my favourite lake, the Lago Gutiérrez.

Entonces estábamos buscando algún lugar para esperar, básicamente, especialmente cuando salimos del pueblo y nos dimos cuenta que no reconocíamos dónde estábamos. A medida en que íbamos caminando a paso de tortuga le dije a mi pareja "no me daría miedo hacer dedo estando con vos." Les juro que 30 segundos después apareció una combi casi vacía, manejando bien despacio por la calle angosta. La miré, sin poder creerlo, mi instinto me decía que debería frenarla pero por alguna razón dije que mejor esperar al próximo vehículo, no sé.


Frenó al lado nuestro por ninguna razón aparente. El universo claramente me quería dar una señal.


Entonces empecé a hablar con el copiloto Cristian y el conductor, Diego. Después de sólo un minuto, con mucha onda ofrecieron acercarnos "un par de kilómetros." Muy agradecidxs subimos nuestras mochilas, palos de caminar y piernas cansadas a la combi. Habían sólo cuatro personas más, una familia de paseo por nuestro hermoso sur.


Ya sentía un agradecimiento y felicidad inmenso. Pero no sólo nos levantaron, mostraron una preocupación genina por mi bienestar y nos preguntaron sobre nuestras vidas. También nos enteramos más de lxs que nos habían salvado: una pareja casada, Romina y Diego, que se mudaron a Bariloche en agosto y habían establecido una compañía de transporte. Específicamente dos combis para rutas escénicas y servicio de aeropuerto. Un ejemplo incréible de serendipia. Lxs demás eran familiares de visita desde Quilmes que habían venido a conocer. Entonces ahora éramos parte de un paseo escénico, haciendo chistes y sacando fotos, que culminó en esta vista increíble de mi lago favorito, el Lago Gutiérrez.



It might be worth noting that on our trek it had been snowing, which was lovely for walking, but here the skies had cleared as if to make sure we saw the full panorama. Their niece kept saying how the cloud looked like it had been placed there on purpose.


My partner and I were moved by the beauty of the place and the family helped me limp out of the minibus to take photos and laughed at how cold I was (the sun had fooled me and I hadn't put on enough warm clothing to get out). The stunning sight of my favourite place on Earth together with the kindess of these strangers was truly a wonderful way to start the year and I felt a keen joy for hours.


Did I say serendipity at its finest? Imagine when we realised that the couple lived about a mile from where we were staying. So they not only brought us closer, they brought us all the way, safe and sound. After wishing us well, all they asked for in return was publicity, so I'm including the details of their company, R&D Transporte, below.


We did, however, ask Diego to take us to the airport for our flight home. Was it ridiculous to pay for an entire minibus, albeit a smaller one, to take us to the airport? Perhaps. But it was the least we could do.

Quizás valga la pena aclarar que en la caminara había estado nevando, lo cual nos encantó, pero acá el cielo se había despejado como para que veamos bien todo el panorama. Su sobrina repetía que la nube parecía puesta, como a propósito.


Mi pareja y yo nos sentíamos conmovidxs por la belleza del lugar y la familia me ayudó a bajarme rengueando de la combi para sacar fotos y se rieron de mi falta de abrigo (el sol me había engañado). La vista espectacular de mi lugar preferido del mundo junto con la bondad de estxs extrañxs fue realmente una manera fantástica de arrancar el año y sentí una felicidad aguda por horas.


Dije que fue un ejemplo increíble de serendipia? Imagínense cuando nos dimos cuenta que la pareja vivía a poco más de un kilómetro de donde nos estábamos quedando. Así que no sólo nos acercaron "un par de kilómetros": nos llevaron hasta la puerta directamente. Nos desearon lo mejor y lo único que pidieron fue que les hiciéramos publicidad, así que incluyo abajo los datos de la compañía R&D Transporte.


Aunque eso sí, le pedimos a Diego que nos llevara al aeropuerto cuando llegó el momento de volver a Buenos Aires. ¿Quedaba medio ridículo alquilar una combi entera para sólo dos personas? Puede ser. Pero era lo menos que podíamos hacer.


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Valentina Iricibar
Writer